31 de oct. de 2012

Segundo capítulo

Este es el boceto del segundo capítulo. Salió rodado, a la primera, y si lo comparáis con el libro veréis que no hubo apenas modificaciones al hacer los originales. Lo hice nada más terminar de dibujar el primero, con lo cual me había hecho ya veinticuatro páginas del tirón y sin apenas problemas. En la tira inferior está el guión del segundo intercapítulo, para el cual no me hizo falta abocetar nada, pues sabía que solo tenía que ir dibujando a Nick haciendo los primeros dieciséis pasos de la tabla corta de movimientos del Tai chi, tabla que yo ya me sabía de memoria por haberla practicado durante años, y que por tanto podía dibujar directamente en el original.



Intercapítulos

La decisión de intercalar pequeños episodios entre capítulos obedeció a una cuestión de ritmo. Necesitaba una pausa más o menos larga entre cada capítulo así que pensé que sería una buena idea hacer intercapítulos de dos páginas enfrentadas en las que Nick recapitulara lo que le había sucedido, en forma de monólogo o en clave de diario personal. Pero incluso así, el paso del final del capítulo al principio de la recapitulación me seguía pareciendo abrupto. Y hacer las dos páginas enfrentadas no era posible si los capítulos terminaban en una página par. Fue entonces cuando di con la solución de las páginas en blanco con una viñeta central para abrir y cerrar los intercapítulos, casi a modo de paréntesis. Esas viñetas, además, podían funcionar bien como puente o como conclusión, con gag o sin él.

También se me ocurrió que estaría bien dar a las páginas del monólogo una estructura gráfica muy diferenciada a la de los capítulos, de ahí las cuatro tiras por página. En un principio estos intercapítulos iban a llegar justo hasta la secuencia del desfile, pero en un momento dado, tras la crisis que llegó con el quinto capítulo -y que abordaré en detalle más adelante- cambié de idea. De todos modos finalmente hay cinco de ellos, que marcan el paso del tiempo en el desierto: cinco semanas. Puede suponerse que el resto de la historia, hasta su conclusión, supone apenas una semana más, con lo cual tendríamos una historia que dura 42 días. La cuarentena es tanto un antiguo precepto bíblico para la purificación espiritual (los cuarenta días de Jesucristo en el desierto) como un moderno precepto científico para la purificación física. Aquí tenéis el boceto del primer intercapítulo y la primera página del mismo.





Presentaciones (2)

El viernes 2 de noviembre, la periodista Elena Vallés y yo presentaremos "Vapor" en la librería Literanta (Palma) a las 20 h.



30 de oct. de 2012

Hércules y Julián

El leñador -y su cabalgadura porcina- a los que Nick encarga que talen su tupido bosque interior es un personaje recuperado de un viejo boceto que pulí para usar como christmas allá por 2005. Siempre sospeché que ese tipo y su montura estaban llamados a tener un papel en alguno de mis futuros cómics.





28 de oct. de 2012

El paisaje como personaje

El desierto, en este libro, tiene mucho de escenario teatral (la influencia de Crowley que cito en el primer post de este blog). La inmensa mayoría de las viñetas son planos frontales con fuga hacia el horizonte. Apenas hay picados o contrapicados. Buscaba que el horizonte, como límite que separa el cielo de la tierra en un espacio bidimensional como es el de los dibujos, fuera omnipresente, para remarcar la imposibilidad de Nick de despegarse del suelo. Pero al mismo tiempo también quería captar el latido del desierto, su respiración, su sonido.

Cuando de desiertos se trata, hay dos referentes ineludibles en el cómic: Herrimann y Moebius. Mientras hacía "Vapor" leí las últimas reediciones de "Krazy Kat", y también el inmenso "Inside Moebius". Me fijé, desde luego, en cómo hacían ellos para representar el desierto, pero solo para buscar una dirección distinta. El desierto de Vapor tenía que ser puramente mineral, la verticalidad de las rocas tenía que crear una tensión constante con la horizontalidad del suelo. La trama de rayas verticales de la piedra crea un ritmo visual repetitivo, que quiere ser el ruido de fondo del desierto: un silencio abrumador (así lo percibí yo la única vez que he estado en un desierto de verdad, en el Mar Muerto), tan abrumador que se puede oír como una sorda, hipnótica, pétrea e interminable letanía percusiva.

Reproduzco aquí el blanco y negro de un dibujo que hice para Babelia en marzo de 2011 donde ensayé un rayado horizontal. Quedaba muy bien, desde luego, pero demasiado apacible y nada contemporáneo: parece un grabado del XVIII. Eso me reafirmó en continuar con el rayado vertical en el libro.



27 de oct. de 2012

Entintando

Con solo un par de páginas dibujadas a lápiz (no hay lápices que enseñar, entintaba encima) no pude esperar más y empecé a probar el entintado. No estaba demasiado seguro de cómo iba a salir. Quería algo más suelto de lo que suelo hacer, quería dejar de preocuparme por los acabados perfectos (una de mis malsanas obsesiones), quería que el trabajo fuera ligero, rápido y placentero, porque me enfrentaba a un libro que, en un último recuento aproximado, oscilaría entre las cien y las ciento treinta páginas, y no quería que se eternizara en mi mesa. Así que cogí el Pentel sin más y me apliqué a ello. Fracaso: el tamaño de original que había elegido era demasiado pequeño y no me manejaba cómodo con el pincel. Además, la remesa de papel que estaba usando había cogido humedad y la tinta se corría. Vuelta a empezar a un tamaño mayor y con nuevo papel. Esta vez funcionó. Tuve las 8 páginas terminadas en apenas semana y media. Prometedor, y además quedaban chulas, convincentes. Me animé muchísimo.

No lo he mencionado aún, pero la decisión de que el libro fuera en blanco y negro la tomé muy pronto. El desierto no necesita color y yo no necesito complicarme más la vida, pensé. Sin embargo, hasta muy avanzado el libro aún estuve fantaseando con que la larga secuencia del desfile quizá merecía una segunda tinta. Finalmente me resultó obvio que no hacía ninguna falta. En el fondo tenía miedo de que no supiera mantener el interés visual durante tantas páginas con un blanco y negro tan austero como el que me proponía: línea sobre fondos blancos, sin apenas mancha negra más que en algunos personajes. Y tampoco tenía nada claro con que tipo de textura iba a solventar las zonas que debían ser grises (rocas y montañas). Finalmente, ese rayado vertical grueso que improvisé en la primera página del segundo capítulo fue un auténtico hallazgo. Me permitía modular dos o tres intensidades según el grosor de la línea y le daba una potencia visual inusitada a la página. Además resulta muy hipnótico. De hecho a menudo suele provocarme desenfoque visual -y el consiguiente mareo- mientras lo estoy haciendo, pero al mismo tiempo disfruto enormemente porque, de pura concentración, consigo vaciar mi mente y no pensar en nada.


23 de oct. de 2012

Mosh

Gato se dice en mallorquín "moix" (pronúnciese mosh), y a mí Mosh me sonaba como un diminutivo de Moisés, un nombre muy adecuado para alguien que se maneja bien en el desierto. Mosh es un gato truculento, un liante con mucho desparpajo, un tipo con dobleces que parece que siempre oculta un as en la manga. Me interesaba eso como contraste con Nick, que es un tipo tan imbuido de su misión personal que parece hecho de una sola pieza y transparente como el cristal. Por cierto que durante mucho tiempo estuve fantaseando con que todos los personajes que habitan el desierto, salvo Nick, tuvieran aspecto de "dibus", muñecos de cartoon animado. Lo hubiera hecho todo más disparatado e irreal. Pero en un momento dado decidí no emperrarme en eso y dejar que cada personaje fuera tomando un aire propio, el que pedía la historia. Mosh quedó al final como el único "dibu" al cien por cien.




22 de oct. de 2012

El primer capítulo

Y llegó el momento de la verdad verdadera. Ponerse a construir la historia. Yo nunca preparo un guión previo por escrito. Mi manera de trabajar, como la de casi todos los dibujantes que escriben sus propias historias, es orgánica: construyo el guión dibujando los bocetos de las páginas. Yo los llamo "microbocetos", porque son esquemas muy pequeños de cada página (aquí hay 11 en una hoja A4), donde busco el ritmo adecuado para la lectura a través de la composición de las viñetas y de las imágenes dentro de cada viñeta, y voy anotando los posibles textos en los bocadillos (basados en esos diálogos en bruto que sí he escrito previamente). Hago estos microbocetos muy rápido y bastante a lo bestia, para que no me dé pereza repetirlos tantas veces como haga falta hasta que lo vea claro.

Éste es el trabajo decisivo, allá donde guión y dibujo se entrelazan de un modo inseparable. Es la estructura que va a sustentar el edificio entero del cómic. Si esto falla, todo se caerá ante los ojos del lector. Y es, claro, la parte más emocionante y pura del trabajo del historietista: la narración visual.

Aquí veis la hoja donde aboceté todo el primer capítulo. La primera tira era una opción alternativa (empezar por el final de la historia y luego hacer flashback al inicio) que descarté porque no quería verme pillado en el bastante probable caso de que el final fuera finalmente distinto a como yo lo estaba imaginando en aquel momento. Por lo demás, el primer capítulo está ya definido ahí en siete páginas. Al final la séptima se cayó, pero acabé añadiendo dos páginas más porque tenía suficientes diálogos interesantes por desarrollar. Aunque eso lo hice ya mientras iba dibujando los originales a lápiz, con estos bocetos como hoja de ruta.




Aquí se definió ya también la estructura básica de tres tiras por página que he usado en el libro. Me resultaba un formato cómodo, y sobre todo útil para la cantidad de viñetas panorámicas que el horizonte desértico me iba a exigir: tenía claro que el espacio vacío iba a tener una importancia narrativa, visual y emocional considerable en la historia.



20 de oct. de 2012

Presentaciones (1)

Empieza la gira: el miércoles 24 de octubre presentaré "Vapor" en Barcelona, acompañado por Pepe Gálvez y Toni Guiral. Será en la FNAC-L'Illa Diagonal a las 7 de la tarde. Además, hay una selección de originales del libro expuestos allá desde el 18 de octubre hasta el 30 de noviembre.




Al día siguiente, jueves 25 de octubre, el periodista Salvador García-Arbós y yo presentaremos el libro en Girona, en la Llibreria 22, a las 8 de la tarde.




19 de oct. de 2012

Juanita

El pájaro asociado a los anacoretas en la iconografía clásica es el cuervo, ave de costumbres solitarias pero que está también simbólicamente asociado a los presagios funestos y a la muerte. Yo buscaba un pájaro con una carga simbólica algo más ligera y amable. Y, a ser posible, femenino. Encontré la solución en uno de mis frecuentes viajes a Madrid, donde ya desde el aeropuerto mismo abundan las urracas. En Mallorca no las hay, pero yo las conozco muy bien desde los veranos de mi infancia en el Vallés, donde montaban unas algarabías tremendas en los pinos que había junto al huerto de mi abuelo. Tienen fama de charlatanas y de ladronas simpáticas. Pero, sobre todo, son ideales para el dibujante porque sus colores son los de la tinta y el papel.


Juanita protagoniza, además, una de mis páginas favoritas del libro, que está directamente inspirada en este cuadro de Velázquez (en el Museo del Prado), que describe el encuentro entre dos famosos anacoretas, San Antonio y Pablo el Ermitaño.


Listas, esquemas, diálogos

Me encanta hacer listas. Empecé a trabajar seriamente en el guión haciendo listas de los posibles personajes secundarios. Necesitaba perfilarlos para saber el alcance real de la historia. Ésta de aquí creo que fue la primera lista, una idea muy rara que tuve de que todos los personajes fueran femeninos, y que enseguida descarté.



Seguí barajando personajes hasta que los limité al gato, la urraca, el leñador, la sombra, la esclava, los bandidos y el náufrago. Lo siguiente fue hacer un esquema provisional de la estructura del libro. Decidí que habría un capítulo por personaje, más el desfile de la Reina y un último capítulo para el encuentro con Vapor. Eso me daba un total de 9 capítulos.
A continuación me puse a escribir diálogos como un loco: las conversaciones entre Nick y cada uno de los personajes, para comprobar lo que daban de sí en cuanto a temática y extensión. Iba apuntando todo lo que se me pasaba por la cabeza, con frecuencia de manera bastante desordenada.




Me salieron diálogos bastante prometedores con el gato, la urraca, el leñador, la sombra y Vapor. No así con los otros personajes, y me pregunté si realmente tendrían alguna función que cumplir en la historia. Pero puesto que tenía buen material al menos para los cuatro primeros capítulos, decidí empezar ya, con la esperanza de que a medida que avanzara en la historia se me irían aclarando las ideas.
Ahí empecé también a hacerme una idea de la extensión de cada capítulo: los diálogos daban, en general y a ojo de buen cubero, para unas 8 páginas. Pero también se me ocurrió que los encuentros con cada personaje debían verse espaciados por las propias reflexiones de Nick en soledad. Así que decidí que entre capítulo y capítulo debía haber otro más corto que hiciera de separación, y que eso le daría un ritmo más ágil a la historia.

En la tele

Ayer, el informativo nocturno de IB3 emitió esta pieza.

18 de oct. de 2012

El libro

¡Albricias! ¡Acaban de llegar mis ejemplares! ¡Mañana estará en las librerías!



video





Solo para dibujantes

Las herramientas que he usado: escribo y dibujo las ideas preliminares (lo que se ha ido viendo hasta ahora en este blog) con un Pilot V ball 0.5 en un cuaderno A4 cuadriculado de Miquelrius. Los lápices están hechos con un viejo portaminas Micron -que es el que he usado toda la vida y que ya perteneció a mi padre-, y con minas negras Staedtler Mars Carbon de 2 mms. HB, sobre papel Geler mate de 190 gms. Sobre esas mismas hojas a lápiz he entintado con un pincel Pentel recargable. Y he usado gouache blanco Talens para los retoques, aplicado con un pincel Rembrandt del 1. El rotulado y los recuadros de las viñetas y bocadillos están hechos con un rotulador Faber-Castell Pitt B (punta de pincel). Hasta aquí todo analógico. He usado el ordenador solo para retoques adicionales de última hora y para hacer el diseño de portada. Y la maquetación final del libro ha corrido a cargo de mi hija, Aina.

Versiones

He escrito "Vapor" en castellano. Yo fui uno más entre todos los escolares catalanes "españolizados" por narices en vida del dictador. Y aunque mi mente piensa en catalán, a la hora de escribir los textos de mis cómics siempre lo he hecho en castellano, puesto que durante mucho tiempo simplemente no ha habido ninguna posibilidad de publicarlos en catalán. Así que desde siempre he ido desarrollando mis habilidades literarias en castellano, y nunca me he preocupado -mea culpa- de alcanzar un nivel adecuado para la expresión literaria en mi lengua materna. Solo hay una excepción, y fue el cómic "Lo piano vermell", sobre mi amigo el músico Pascal Comelade, que sí escribí directamente en catalán, básicamente porque de otra manera no me salía.

Todo este preámbulo viene a cuento para explicar las diferencias entre la edición castellana y la catalana de "Vapor". Aparte de la obvia diferencia de color en la portada para distinguirlas (rojo para el castellano y azul para el catalán), solo hay diferencias en el rotulado. Puesto que lo escribí en castellano, así lo iba rotulando de mi propia mano a medida que iba dibujando las páginas. En la versión en catalán (una magnífica traducción de Montserrat Terrones), los textos están rotulados por Iris Bernárdez, usando una fuente digital creada a partir de mi escritura manual en mi anterior libro, Bardín el Superrealista, y que no difiere apenas de la que he empleado en "Vapor".

En català

Aquí podéis leer las 9 primeras páginas de la edición en catalán de "Vapor".

En la prensa

Y hoy también, en Diario de Mallorca, Elena Vallés escribe sobre "Vapor".

Un adelanto

Papeles perdidos, el blog de Babelia, publica hoy un pequeño adelanto de "Vapor", relacionándolo con la historieta "La noche 1001". Cuando en febrero de 2011 Babelia, con ocasión de su número 1001, me pidió 5 tiras para publicar en su web a razón de una diaria, retomé a dos de los personajes de "Vapor"para urdir una historieta que homenajea el eterno hechizo de la narrativa.


17 de oct. de 2012

Un nombre y un dinosaurio

Necesitaba encontrar un nombre para el protagonista, y quería que sonara muy antiguo, en homenaje a los anacoretas, pero a la vez muy actual porque quería que fuera un tipo corriente, un everyman que cualquier lector pudiera sentir cercano. Hojeando santorales encontré una solución perfecta con Nicodemo, que daba Nick como diminutivo. Bueno, y además está la n inicial, que en matemáticas significa un número cualquiera.




"Vapor" se abre con una cita de una vieja canción de Dinosaur Jr. Tocaron en Mallorca hace un par de años y me quedé estupefacto al ver al cantante, J. Mascis, luciendo una melena tan larga, blanca y lacia como la de Nick. El concierto fue atronador, sin tregua, y lo disfruté tanto que en los días siguientes estuve escuchando de nuevo sus viejos discos. Cuando escuché los primeros versos de "Feel the pain", (del disco Without a sound, 1994), pensé que encajaban como un guante en "Vapor". Meses después acabaría poniendo esas mismas palabras en boca de Nick, en una de las escenas culminantes del libro.





¿Tesis, qué tesis?

Lo digo ya, dado el tema del libro. No he hecho "Vapor" para sostener ninguna tesis. Yo solo planteo cuestiones y por tanto se trata de una exploración. "Vapor" bucea en una cuestión extrema: la de un tipo profundamente descontento con la sociedad y que se aísla totalmente de ella en busca de algo de sentido. He huido del modelo clásico que me inspiró la historia (San Antonio) porque es una constatación que hoy en día, en la parte del mundo en la que vivo, nadie cree en dios (o por lo menos no lo suficiente como para ponerse en una situación tan extrema). Yo no soy creyente, aunque me interesan mucho los mitos, la religión y la mística como posibilidad, como especulación intelectual y como materia para la ficción. Pero en este libro decidí partir de una premisa argumental, la de que ni lo místico ni lo sobrenatural iban a tener un papel en la historia, simplemente porque no lo tienen en nuestra sociedad occidental.
Y es un hecho que inventé a Vapor, el personaje, sin saber muy bien qué diablos iba a ser o a representar. De hecho, hasta que no hube dibujado bastante más de la mitad de libro no me puse a pensar seriamente en eso. En realidad buscaba que la propia historia me dictara su desenlace.

Un título

Me puse a trabajar en serio en la historia. Recapitulando, lo que tenía hasta entonces en mente era esto: un tipo, harto del gran circo de la banalidad en que se ha convertido el mundo contemporáneo, se larga al desierto para estar solo y reflexionar sin distracciones (las cuales, se verá, son el sustituto contemporáneo de las tentaciones). En el desierto se encuentra una serie de personajes que no dejarán de distraerlo mientras él pugna por irse despojando de todo lo mundano que arrastra consigo. Cuando por fin empieza a serenarse y a encontrar algo parecido a una paz interior sufrirá la última gran acometida de la civilización para recuperarlo: el alucinante desfile de la Reina de Saba (lo mejor de la novela de Flaubert, y yo no pensaba dejar escapar esa idea), que tendría que ser algo así como el clímax visual del libro.



Bien, pero eso no podía ser el final. No pensaba dejar que el anacoreta sucumbiera a esa última distracción. Pero si resistía, entonces... ¿qué pasaría después? ¿Todo iba a seguir igual? No, el tipo se había ganado a pulso algo, y ese algo solo podía ser la posibilidad de un cambio a un estadio distinto. Y ahí fue cuando se me ocurrió el encuentro cara a cara con alguien que le hubiera precedido en la experiencia, alguien que le iba a demostrar la posibilidad real de acceder a un estadio "superior" de la existencia. Y así se me apareció Vapor, el personaje. Y, de paso, el título del libro. Me faltó tiempo para ir a teclearlo en el buscador y descubrir con alivio que no existía aún ninguna novela o cómic con ese título.


Mis dos últimos libros habían tenido títulos kilométricos (El prolongado sueño del Sr. T; Hechos, dichos, ocurrencias y andanzas de Bardín el Superrealista), así que una palabra de cinco letras me sonaba de maravilla.

16 de oct. de 2012

El dibujo-chispa

Y llegó el dibujo que esperaba. Sin anunciarse. Algo tan simple y tonto como esto que veis aquí, dibujado sin propósito alguno ante un par de cortados en el bar que me acoge al inicio de cada día. Y de repente empecé a ver claro.



Llevaba tiempo cavilando en que, para poder desarrollar una historia interesante, el anacoreta necesitaba una contrafigura, un personaje que le diera la réplica, y así urdir un diálogo (porque yo no quería un monólogo). Y tenía que ser un personaje potente. Y va y se me aparece ese gato. Y se me aparecen también un montón de posibles secundarios: el cocodrilo, el caracol, la urraca, el náufrago, los talibanes gesticuladores. Y un estilo de dibujo cartoonesco y supersintético. Aquí tenía material de sobra. Con estos dibujillos supe por fin que en ese desierto había tema. 

15 de oct. de 2012

Construyendo el personaje

Aún sin un proyecto claro en mente, seguí dibujando al personaje durante meses, convencido de que hay que dar tiempo y espacio a los dibujos, y dejar que hablen por sí mismos. Pensé que en algún momento llegaría una imagen que me dictaría claramente hacia donde ir.








Este último dibujo me sirvió de modelo para una ilustración de Babelia, en septiembre de 2009.




13 de oct. de 2012

11 de oct. de 2012

El eremita del vertedero

Unos meses después, el director de un diario local me propuso que le presentara un proyecto para hacer una tira o viñeta semanal en las páginas de la sección de cultura. Empecé a fantasear con la idea de hacer chistes filosóficos, a la manera en que Ángel Menéndez los hacía con su personaje Kalikatres. Como la figura del anacoreta me rondaba la cabeza, se me ocurrió crear una especie de ermitaño que residía en un vertedero, y al cual la gente acudía para obtener respuestas a sus preguntas, como si fuera une especie de oráculo. Con esa idea en mente empecé a ensayar bocetos en busca de un personaje atractivo y a apuntar ideas para los gags. Pronto comprobé que el talento que nunca he tenido para los chistes tampoco brotaba en esta ocasión, y desistí de la idea. El director del periódico tampoco volvió a insistir. Pero había encontrado un personaje que prometía.








Anacoretas

El del anacoreta es uno de esos temas que podríamos llamar "extremos", y mi interés por él viene de antiguo. Lo descubrí en mi adolescencia de la mano de algunos pintores flamencos (El Bosco, Brueghel y Grünewald entre otros) que tienen tremendos cuadros sobre las tentaciones que sufrió San Antonio en el desierto. Siempre me fascinaron esas obras por la imaginativa variedad de bestias diabólicas y monstruos horripilantes que los pintores (y eso se nota) disfrutaban inventando. También había sido un tema favorito de algunos surrealistas como Max Ernst o el mismísimo Luis Buñuel, cuya magnífica película  Simón del desierto, aumentó aún más mi interés por los llamados "padres del desierto". En 1985 hice para el Víbora una historia de 6 páginas, "Las tentaciones del santo albino"(recogida en el álbum La muerte húmeda), que exploraba la cuestión. Y luego, cómo no, está la palabra misma, anacoreta, que me parece preciosa (y que viene del griego "me retiro").


El caso es que hará unos cuatro años, pocos días después de la festividad de San Antonio Abad, la gran fiesta invernal de la Mallorca rural, en la que en muchos pueblos de la isla se hacen representaciones del acoso al que los diablos sometieron al santo, mi amigo Biel Pons me prestó "La tentación de San Antonio", la novela de Gustave Flaubert. La disfruté tanto que empecé a soñar con la posibilidad de ilustrarla, y de hecho lo propuse pocos meses después a un par de editoriales, aunque sin éxito alguno.
Otra opción era hacer un cómic a partir de ella, y también la estuve sopesando, pero ¿a quién iba a interesar hoy en día la historia de un santo buscando a dios y acosado por los demonios? Fue entonces cuando se me ocurrió enfocarlo de otra manera: ¿Cómo sería un anacoreta en el mundo de hoy, en el que ya nadie cree ni en dios ni en el diablo? ¿Qué podía llevarle a retirarse voluntariamente a la soledad del desierto?
Y así empezó a formarse "Vapor" en mi cabeza.


9 de oct. de 2012

Una revelación: Herbert E. Crowley

Descubrí el trabajo de Herbert E. Crowley en la maravillosa antología Art out of time, en la que Dan Nadel rescataba "rarezas" de la historia del cómic. Las ocho planchas de media página de "The Wiggle Much" que allí se reproducen, publicadas en 1910 en el New York Herald Tribune, me dejaron deslumbrado. No había nada remotamente parecido a aquello en las planchas dominicales de aquellos años... ni tampoco después. Para colmo, la nota biográfica al final del libro informaba que no se sabía absolutamente nada sobre el autor.




Pero yo quedé hechizado por "The Wiggle Much". Parece más antiguo de lo que es, como si Crowley hubiera sido totalmente ajeno al aún balbuceante, pero ya lleno de vitalidad, lenguaje de los cómics en aquellos años. La técnica del dibujo es sensacional, pero decididamente decimonónica. No hay bocadillos, ni sensación de movimiento, ni se usa apenas ninguno de los recursos formales del cómic. Los textos, al pie de la viñeta, son rimas al estilo nonsense. Todo parece irreal en esas viñetas panorámicas: los personajes son siempre como muñecos o juguetes inexpresivos deslizándose ante un decorado que parece de cartón piedra, como si fuera un diorama. Y, sin embargo, es esa misma cualidad de extrañeza la que me cautivó y me hace ver esas planchas como algo rabiosamente moderno para su tiempo. Instantáneamente me recordaron la pintura metafísica que Giorgio De Chirico empezaría a practicar en Turín justo dos años después, en 1912.

En total se publicaron solo trece entregas de "The Wiggle Much", entre marzo y junio de 1910 (algunas de ellas las podéis ver aquí) y aunque Crowley siguió publicando ilustraciones en el mismo periódico durante algún tiempo, esa es, que se sepa, toda su obra historietística. Por mi parte, me puse a investigar la muy misteriosa vida de Crowley, y a intentar descubrir su obra anterior o posterior, y aún sigo en ello. Los escasos datos que he podido reunir sugieren una biografía apasionante, pero todo esto merece otra entrada en otro momento.

Mi fascinación por "The Wiggle Much" está, no hace falta decirlo, en el origen lejano de Vapor. He aquí algunos dibujos que hice bajo la inspiración de Crowley.





Vapor

Vapor es el cómic que ha estado ocupando mi mesa de trabajo a lo largo de casi tres años. Ediciones La Cúpula lo publica, en castellano y en catalán, el próximo 19 de octubre. Este blog explora el proceso creativo del libro, desde los orígenes de la idea hasta su acabado visual, incluyendo reflexiones y descubrimientos que han ido surgiendo al hilo del trabajo.